Seres espectrales de todos los difuntos, sombras de lo que la persona fue en vida, privados de energía y de la presencia divina, que habitan por siempre en el inframundo (Seol).
Al principio, los judíos originales, creían que tras la muerte de todo ser humano, una sombra o espectro residual de él o ella desciendía al Seol, un inframundo subterráneo, fangoso y sombrío.
Allí pervivía para siempre de forma neutra y precaria, dependiendo de la conservación de sus restos y recuerdo por sus descendientes en la tierra.
El asunto se complicó en tiempos de la crisis macabea y sus mártires ante los victoriosos helenos. Tal vez como consolación, se introdujo la idea de la resurrección corporal tras el juicio colectivo al final de los tiempos.
Por otra parte, los judíos helenos de la diáspora, optaron por un dualismo muy fuerte de corte platónico, con un alma inmortal que prescindía de la importancia del cuerpo físico: en este caso el juiicio personal era inmediato tras el deceso y, caso favorable, se alcanzaba la inmortalidad inmediatamente.
Todo esto llevó a que, en la palestina del siglo 1 d.C, la de jesús, ambos modelos terminaron por combinarse: Tras el deceso, habría un juicio particular inmediato que te llevaba a un estado provisional de espera hasta la resurrección corporal al final de los tiempos.
Oficialmente, el dogma católico todavía mantiene esta línea.
Los seres humanos (y no los otros seres vivos) tienen un alma espiritual inmortal que es creada por Dios en la concepción. Al morir, el alma se somete a un juicio personal inmediato con dos estados eternos e irreversibles: el cielo (una existencia bienaventurada cerca de dios) o El infierno (una existencia maldita alejada de dios), puede haber un estado de purificación temporal (purgatorio).
En el Juicio Final al final de los tiempos se producirá la resurrección de los cuerpos que se unirán al alma.
no pueden haber fantasmas libres, ,aunque sí pueden haber manifestaciones excepcionales, pasivas y bajo control divino.
Textos mesopotámicos : "El descenso de Inanna/Isthar al inframundo" (Sumerio, III milenio a.C.), conservado en tablillas paleobabilónicas c. 1900–1600 a.C.) y el "Poema de Gilgamesh" (Tablilla XII).
Al morir el cuerpo queda el gidim (sumerio) o etemmu (acadio), un residuo sombrío, débil y hambriento, con los recuerdos del individuo. Desciende al Kur o Irkalla (la "Tierra sin retorno"), un reino subterráneo oscuro, polvo y sombras. El etemmu requiere que sus descendientes le ofrezcan libaciones de agua y comida (kispu).
Textos egipcios: Los Textos de las Pirámides grabados en las paredes, ya desde la de Saqqara del rey Unas (Dinastía V, c. 2350 a.C.), Textos de los Sarcófagos (Imperio Medio) y el Libro de los Muertos (Imperio Nuevo)
El ser humano está compuesto por varias partes: el cuerpo físico, la fuerza vital (ka) y la personalidad (ba) y el nombre (ren). Al morir, el cuerpo físico mortal debe ser preservado (momificación) para servir de anclaje. La fuerza vital permanece en la tumba, donde consume las ofrendas alimenticias. La personalidad puede llegar al mundo de los muertos, pero depende del cuerpo, al que tiene que al que debe regresar periódicamente para evitar la extinción. Reservado para reyes al inicio, con estas 4 partes en perfecto tratamiento ritual y tras un juicio ético, se presenta estado de transfiguración gloriosa y luminosa (akh), con el que pueden alcanzar una inmortalidad autónoma y plena integración en el plano numinoso/divino, en a Aaru (los Campos de Cañas), un cielo paradisíaco que replica la vida agrícola terrenal pero sin enfermedad ni escasez.
Textos cananeos: El poema épico de Aqhat (KTU 1.17 - 1.19) Es el texto más explícito en cuanto a las expectativas de la vida de un hijo respecto a la muerte de su padre. Los Textos Rituales Fúnebres de los Rephaim (KTU 1.161), la Liturgia Fúnebre de Niqmaddu III (c. 1200 a.C.). El Mito de Baal y Mot (KTU 1.5 - 1.6).
Para la religión cananea la vida humana del cuerpo está sostenida sencillamente por el npš es el aliento vital. Tras la muerte, queda el Rp'umm, el espectros/antepasados, Unas sombras que habitan en las profundidades de la tierra (’Arṣ).
Una sombra o espectro (Rp’um / Rephaim), como resto del individuo, desciende a un Inframundo subterráneo, fangoso y sombrío (’Arṣ), regido por el dios Mōtu, donde subsiste.
Textos judíos pre-exílicos y deuteronomistas: Los más antiguos son: La evocación de Samuel en Endor (1 Samuel 28:8-19). II. La prohibición del culto a los muertos (Deuteronomio 26:14; Levítico 19:31).
El ser humano es una unidad viviente (néfeš) que, al perder el aliento divino (rūaḥ), se extingue físicamente. Tras morir, las sombras debilitadas (refā'īm) descienden por igual al Še'ōl o inframundo donde subsisten.
Textos judíos helénicos
El Libro de Enoc (1 Enoc,250 a. C. y 200 a. C.), Literatura Apocalíptica , encontramos un dualismo funcional, con almas o espíritus intermedios con conciencia y la transformación topográfica del Še'ōl. en una réplica del Hades helenístico, dividido en los Campos Elíseos (para los justos) y el Tártaro (para los malvados).
El Libro de Daniel (c. 165 a.C. – Época Macabea) el texto apocalíptico ofrece la primera referencia explícita a una resurrección individual y un juicio, con un Espectro que espera la reconstitución corporal.
El Libro de la Sabiduría (Sabiduría de Salomón, (c. 30 a. C. y el 50 d. C ) , Judaísmo Helenístico representa el ejemplo más claro de platónico-dualismo en la Biblia el Soma (cuerpo corruptible) y la Psyche (alma inmortal. El juicio y la retribución son inmediatos al salir del cuerpo. Los justos son llevados a la presencia divina y los impíos sufren castigo en el ámbito espiritual.
4 Macabeos – c. siglo I d. C. Los mártires no esperan la recuperación de sus miembros físicos, sino que, en el instante de la muerte, sus almas puras alcanzan la inmortalidad inmediatamente.
Según el consenso científico, no existen partes de nuestro ser de naturaleza espiritual, divina, inmortal, trascendental etc... por tanto no podemos discutir seriamente las propiedades de algo que no existe.
Basándonos en los textos históricos sí podemos rastrear del origen conocido y evolución de estos conceptos (alma, vida tras la muerte, cielo, infierno etc.). en cada época.
Mucho antes de la religión judía, los mesopotámicos como mínimo del III y II milenio a.C, tenían un dualismo débil, con una visión arcaica de la muerte.: Al morir el cuerpo, sólo queda un espectro oscuro subterráneo, semi-material, con restos de apetencias humanas básicas (hambre, sed, frío, tristeza). Destinado a una pervivencia precaria en el mundo subterráneo, que depende de ofrendas rituales y memoria de los vivos para no debilitarse, degradarse y desaparecer. Bajo amenaza de convertirse en un espíritu hambriento y voraz que moleste a los vivos. Es un estado único para todos, sin distinción moral.
En Persia, el zoroastrismo predicó sin embargo conceptos clave como el dualismo cósmico, el juicio final, el dualismo moral y la resurrección general de los muertos.
Egipto tiene una visión más compleja de la persona humana con 4 partes fundamentales (cuerpo, energía, personalidad y nombre). Muy pronto, ya en el Imperio Antiguo/Medio, introduce la posibilidad de un paraíso ultraterreno a un estado de transfiguración gloriosa, luminosa e inmortal que comparte espacio con los dioses, al que se llega entre otras cosas mediante un juicio moral.
Sin embargo, los cananeos del II milenio a.C. heredan conceptualmente la visión mesopotámica de la muerte, concibiendo al ser humano como una unidad orgánica cuya vitalidad se apaga con el deceso. Tras la muerte, una sombra o espectro, como resto del individuo, desciende a un Inframundo subterráneo, fangoso y sombrío, donde subsiste. La pervivencia es neutra y precaria, dependiendo críticamente de las libaciones de agua y la preservación del nombre realizas por sus descendientes en la tierra. Es un estado único para todos., no hay distinción moral entre buenas y malas personas.
Queda claro que los judíos no tuvieron una creencia única, sino que fue evolucionando en el tiempo.. La religión israelita pre-exílica (anterior al exilio en Babilonia, siglo VI a.C.) y la Escuela Deuteronomista comparten plenamente la visión mesopotámica y cananea: tras la muerte, un residuo debilitado de todos los individuos sin distinción (ni buenos ni malos importaba aquí), su sombra o espectro, desciende al inframundo subterráneo, silencioso y oscuro, donde subse. La única forma de pervivencia anhelada es la memoria del nombre a través de la descendencia y la sepultura en el tumba familiar. No hay juicio ético ni paraíso: la justicia de Yahvé opera únicamente en el ámbito terrenal.
Con la influencia helena y persa, en la Palestina judía, se incorpora la idea de la resurrección de la carne al final de los tiempos con destino en paraíso o castigo. Esto ocurrió en un momento en el que pensaban en compensar el destino de los "mártires" por la causa judía ante los helenos victoriosos. Esta concepción escatológica hundía sus raíces en las influencias zooroástricas.
Mientras, en la Diáspora alejandrina, se derivó por influencia de la cultura helana hacia la inmortalidad del alma platónica inmediata tras la muerte, que prescindía de la necesidad de un cuerpo resucitado.
Ambas corrientes se entrecruzarán y colisionarán posteriormente en los escritos del Nuevo Testamento (especialmente en las cartas de Pablo de Tarso, quien intenta articular una síntesis proponiendo una transformación donde el cuerpo sería revestido de una sustancia celestial/espiritual (pneuma).